SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

domingo, 17 de abril de 2011

Fernando Colina: "Piedras"

Piedras


Las piedras, junto con las plantas y los animales, son seres vivos de la naturaleza. Respiran, miran, cautivan y protegen la memoria. Salir de piedras, es decir, salir a pasear para contemplarlas con emoción y observar de cerca su belleza, su color y el tiempo que las adorna, es una de las actividades más completas. Por eso nos duele tanto cuando desaparecen o se derrumban, especialmente si es la mano del hombre la que las destroza.

No hace mucho, con motivo de la construcción del nuevo puente de la calle Peseta, se han cargado una escalera antigua hecha con piedras. Eran calcáreas, oscuras, llenas de verdín y excavadas por las inclemencias. Si las mirabas de cerca en un día nublado se revelaban implacables, silenciosas, confundidas con las plantas y la tierra. Las veías tan grandes en su pequeñez que, una de dos, o adivinabas en su superficie el sentido de la vida o te despertaban las preguntas más trascendentales que caben en la cabeza. Cuando tenía algún problema bastaba con acercarme a ese templo sagrado del reposo y la inocencia para encontrar enseguida la solución. Ahora me tengo que valer sin ellas. 

Uno de los locos más geniales y afectuosos que he conocido llevaba siempre en el bolsillo una piedra. Yo entendía entonces, siguiendo las interpretaciones al uso, que el psicótico, en su desconsolada soledad, llevaba al otro siempre en el pantalón, dispuesto a cogerle de la mano de esa manera tan rudimentaria, ya que por las vías normales del amor y la amistad no estaba a su alcance. Más adelante, en cambio, lo he comprendido mejor, pues creo que, en vez del dinero, las llaves o una representación mineral del ausente, llevaba el planeta entero en la faltriquera. En esa capacidad para resumir todos los misterios de la vida en una palabra o en una cosa el loco nos da cien vueltas. Eso es cierto. Nadie como él puede tomar conciencia tan exacta de algo inerte y material que en cuanto nos ponemos a su lado nos deja sin justificación y a la intemperie. 

También he visto campesinos hundidos en la más profunda melancolía solo porque se habían caído unas tejas. Para comprender tan desproporcionado efecto, el engreído discurso profesional me ofrecía la versión de que hay tipos melancólicos que, en cuanto se desordena o fragmenta su espacio, se vienen abajo. Lo llamaban 'estado de includencia'. Yo me burlo ahora de estas explicaciones tan superficiales y simples y a la vez tan miserablemente completas. Estoy convencido de que, con el tiempo, las tejas de la casa habían adoptado el aire musgoso de las piedras. No era la ruina del tejado, pronto reparado, lo que desgarraba la intimidad del labrador, sino la catástrofe de las piedras, que conservaban en silencio la experiencia ancestral del lugar. 

Al fin y al cabo, una piedra es un trozo de historia y las únicas historias que merece la pena contar son las que construyen con piedras.


Fernando Colina
Crónica del manicomio
Articulo publicado ayer en El Norte de Castilla 

Fernando Colina, psiquiatra que piensa y da la vuelta a todas las verdades o creencias o supersticiones de la psiquiatría, es una de las mejores cabezas que tenemos en Valladolid.
Escribe de nuevo esta columna,"Crónica del manicomio", todos los sábados en la sección de opinión de "El Norte de Castilla": lo mejor de ese periódico cada vez que Colina retoma su crónica, y la página del periódico por la que tanta gente lo abre. 

Sigo sus escritos desde los años 80, cuando escribía también en ese medio textos muy herméticos pero muy atractivos, que hacían pensar mucho y siempre me quedaba con la sensación de no haberme enterado de casi nada. Recuerdo uno que empezaba, creo, más o menos así: "las grayas nacieron ciegas" -¿O era "viejas"?-. (Desde hace mucho, escribe muy clarito.)

De sus "Crónicas del manicomio" he guardado semana tras semana sus artículos en archivos de word, que tengo por algún sitio. Otros los guardan en papel, hasta que a lo mejor va el autor y los publica en un libro.

También hace años apareció en ese mismo periódico, una carta firmada por una mujer en la que, ante la próxima campaña para las elecciones municipales, la firmante proponía a Fernando Colina como alcalde la la ciudad.

Nunca supe si era una humorada o no, pero me encantó.

Pues eso: que se presente Fernando Colina 
para alcalde de Valladolid.

Y en elgún sitio tengo un dibujito que representa al doctor Colina escuchando la cuita del paciente al otro lado de la mesa.Pero como no lo voy a encontrar y este nuestro medio bloggero es el de las prisas y la sinsustancialidad, aquí van unas piedras de la catedral inacabada de Valladolid.






Más actividades editoras y escritoras de Fernando Colina: Cuatro ediciones y Revista de la Asociacion Española de Neuropsiquiatría (también editan libros).