Siguiendo con lo que decíamos ayer
acerca de
el enorme egoísmo que rige las relaciones interpersonales
en esta confusa época de neorrealismo postcovidiano
con rebrotes y amenazas de neoconfinamientos,
ahora que el agobiante trabajo por cuenta ajena
que hay quien se empeña en considerar su servicio a tiempo completo,
me ha consentido un respiro
y hasta puedo empezar a pensar
en volver a hacer obras.
Y tras charlar de este tema con la gente con la que me relaciono
tras charlar con la gente que tiene un estudio de enseñanza de artes en mi edificio,que vuelven con mucha prudencia a empezar sus clases interrumpidas por el confinamiento
con mi vecino que tiene un pequeño bar que cerró, claro, durante la pandemia y abre ahora, sin terraza a no ser que así se denomine una mesa puesta en medio de las obras que cierran la calle de su bar y le atruenan a lo largo del día
con la dueña del bar de la otra esquina, que ha podido poner las mismas mesas de terraza que ya tenía, pero expandidas ocupando más espacio -incluso delante de la mínima librería de segunda mano que accede encantado a que le ocupen su escaparate cuando no está abierta-
voy configurando el deseo de hacerte, mi amor,
UN EPI DE CONCERTINAS,
que es lo que te estás ganando,
en concordancia con tu egoísmo,
ese egoísmo agresivo del
porque yo he sufrido mucho
y ahora
tengo derecho a TODO
a reflotar mi negocio o mi sueldo o mi chiringuito o mis derechos
o lo que se me ponga en los cojones,
conservando mi salud bien envuelto en un EPI
y pasando por encima del cadáver
de cualquier trabajador, cualquier asalariado, cualquier mindungui, cualquier persona
todo bien adobado de CLASISMO,
todo bien adobado de CLASISMO,
AUTOCOMPASIÓN,
y mucho SENTIMENTALISMO-DRAMATICOIDE
que por algo semos gente culta que trabajamos con libros y hasta los leeemos o leemos las cubiertas y las fajas y estamos enteraos TACATÁ
y tenemos la misma pero mismita ética de todos esos personajillos de los sálvame, la isla nosequé y toda esa morralla que nos llevan sirviendo las teles como ejemplo para el español-ol-ol,
por muy distintos que nos creamos,
miamol, con tu epi de concertinas hacia dentro, qué chachi