SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

jueves, 9 de julio de 2020

Te voy a hacer un EPI de concertinas, miamor


Siguiendo con lo que decíamos ayer

acerca de

el enorme egoísmo que rige las relaciones interpersonales

en esta confusa época de neorrealismo postcovidiano 
con rebrotes y amenazas de neoconfinamientos,

ahora que el agobiante trabajo por cuenta ajena
que hay quien se empeña en considerar su servicio a tiempo completo,
me ha consentido un respiro 
y hasta puedo empezar a pensar
en volver a hacer obras.


Y tras charlar de este tema con la gente con la que me relaciono 

tras charlar con la gente que tiene un estudio de enseñanza de artes en mi edificio,que vuelven con mucha prudencia a empezar sus clases interrumpidas por el confinamiento 

con mi vecino que tiene un pequeño bar que cerró, claro, durante la pandemia y abre ahora, sin terraza a no ser que así se denomine una mesa puesta en medio de las obras que cierran la calle de su bar y le atruenan a lo largo del día

con la dueña del bar de la otra esquina, que ha podido poner las mismas mesas de terraza que ya tenía, pero expandidas ocupando más espacio -incluso delante de la mínima librería de segunda mano que accede encantado a que le ocupen su escaparate cuando no está abierta-

voy configurando el deseo de hacerte, mi amor,

UN EPI DE CONCERTINAS,

que es lo que te estás ganando,

en concordancia con tu egoísmo,

ese egoísmo agresivo del

porque yo he sufrido mucho 

y ahora 

tengo derecho a TODO

a reflotar mi negocio o mi sueldo o mi chiringuito o mis derechos 

o lo que se me ponga en los cojones, 

conservando mi salud bien envuelto en un EPI 
 
y pasando por encima del cadáver 
 
de cualquier trabajador, cualquier asalariado, cualquier mindungui,  cualquier persona

todo bien adobado de CLASISMO,

AUTOCOMPASIÓN, 

y mucho SENTIMENTALISMO-DRAMATICOIDE


que por algo semos gente culta que trabajamos con libros y hasta los leeemos o leemos las cubiertas y las fajas y estamos enteraos TACATÁ


y tenemos la misma pero mismita ética de todos esos personajillos de los sálvame, la isla nosequé y toda esa morralla que nos llevan sirviendo las teles como ejemplo para el español-ol-ol, 

 
por muy distintos que nos creamos,
 
miamol, con tu epi de concertinas hacia dentro, qué chachi


miércoles, 24 de junio de 2020

El paquete





Hace bastantes años, hacia 1989 ó 1990, cuando se sucedían los atentados terroristas y había quienes recibían o abrían inadvertidamente paquetes bomba, a una compañera que trabajaba de auxiliar administrativo en un departamento universitario de humanidades, le sucedió que le llevaron para su reparto entre el correo del día un paquete.
Al decirle a la Directora de aquel departamento de humanidades, señora fina de buena familia y exquisitos modales, que se había recibido, además de las cartas que le entregaba,"ese paquete", la buena mujer le respondió: ¡Ay, hija! Abrelo tú, no vaya a ser un paquete bomba.


Estos días me viene con frecuencia a la memoria esta devastadora anécdota.

Entre confinados y desescalados, personas muy cuidadosas de su salud, no reparan en que el resto de la humanidad más cercana, a la que no ven desde hace meses, también tiene salud que resguardar y personas cercanas o no a las que resguardar su salud, además.


Vivimos así entre muchas irrealidades que se entrecruzan fugazmente en pequeñas colisiones de malentendidos y perplejidades, entre la tibieza de quien sosegadamente nos habla y nos dice no vengas a trabajar ahora, y la rabia ante quien no parece entender cuál es la situación que vivimos y presiona y presiona para conseguir su miserable objetivo.

Entre el compañerismo y cooperación en el trabajo y la deshumanización a la que avoca la toxicidad ciega del egoísmo.

Eso sí, siempre muy sensibles y ofendibles al no, siempre tan lesionables, heribles, obcecadamente quejicas.

domingo, 7 de junio de 2020

Distopía







Soldados surcoreanos vestidos con uniformes de protección se dirigen a desinfectar lugares públicos de Daegu este 29 de febrero de 2020. © YONHAP / AFP



Antes de decretarse el estado de alerta en el que aún vivimos

hubo una paulatina asunción por nuestra conciencia y nuestros cuerpos de lo que estaba ocurriendo y por venir.

Así, el viernes 13 de marzo, toda yo estaba pendiente de la llegada de un aviso de cualquier autoridad que pusiera fin al trabajo, que nos enviara a casa, que clausurara definitivamente los edificios casi vacíos y sin funciones apenas.

Los aeropuertos vacíos, las ciudades blindadas, los viajes cancelados y la reclusión de consumidores en su casa por miedo a un coronavirus que ya ha causado más de 3.000 muertes y casi 100.000 infectados, pueden infligir un daño terrible a la economía si no se pone freno a la epidemia.
 Veinte minutos, 2 de marzo


En una agonía en la que ya sabíamos desde días antes, y a lo largo de toda aquella semana que empezó por lunes 9, que aquello tan lejano del virus nos iba a alcanzar nos estaba alcanzando nos había alcanzado.


Mientras el doctorando chino pasaba por el pasillo con su mascarilla


Fueron las progresivas e imparables medidas higiénico-sanitarias en el trabajo lo que realmente tomó conciencia en mi cuerpo, encarnándose en actitudes y vigilancia de las mías y ajenas, en un estado de alerta físico y psíquico que antecedió realmente a la declaración estatal: ésta, inquietante, ponía al fin cierto orden y lógica a la necesidad experimentada. La acalmaba dentro de toda la desazón.



Durante la semana del 1 al 8, Teresa y yo comentábamos asombradas las noticias e imágenes que provenían de China y Corea como distópicas y posapocalípticas, analizando por mi parte como propaganda de poderío ante la epidemia hacia el extranjero el hormigueo de excavadoras estorbándose para levantar un megahospital en días, o las hileras de hombres posapocalípticos avanzando como un ejército imparable fumigando calles y estaciones.






Yohan. Reuters. Tomado de LaVanguardia. 29 febrero 2020. Corea del Sur




Reuters



En breve  e imparable tiempo nos encontramos diciendo  La distopía es ya. Es aquí.





Carlo Spotorno
Unidad NBQ (Nuclear, Biológica y Química) de la Brigada paracaidista de Alcalá de Henares entran a descontaminar una residencia de mayores. 
Con Jesús Rodríguez, para @elpaissemanal https://elpais.com/elpais/2020/04/02/eps/1585831416_096830.html
Publicación del 10 de abril




viernes, 1 de mayo de 2020

Exposición encerrada









En La Fontanería Crea, de Vanesa Calzada -autora de la fotografía- quedó encerrada esta Capucha (2019), en compañía del resto de obras de la exposición colectiva homenaje a mujeres artista (Nuestras referentes), inaugurada el 5 de marzo, semana antes de la progresión de la alarma previa al confinamiento.

En aquellos tiempos, mientras en mi trabajo charlaba con Teresa de la distopia chino-coreana, el doctorando oriental pasaba por el pasillo con mascarilla.

El recuerdo o mención agradecida que planteé con esta obra, no hecha ex-profeso para la expisición (los homenajes no me gusta y siendo a  artistas, y con obras hechas en homenaje a ellos,  me caen directamente mal) fue a las costureras caseras, a las mujeres que siempre han cosido en casa. 


Todas esas mujeres que durante siglos, y en las décadas del siglo XX que conozco por la memoria de madres, abuelas y suegras, han cosido y tejido en sus casas, desde los arreglos que hoy nos hacen los cosetodos, a  los paños, cortinas,  alfombras, ropa de cama y mesa, toda la ropa que se vestía de interior a exterior, con sus apaños, arreglos y  remiendos, y hasta el coger los puntos a las medias rotas, que  recuerdo. Pero también todos los adornos, bordados, encajes con los que han mantenido y conservado unas maravillosas tradiciones.

Todas esas labores eran una parte importante de la economía familiar, por un lado.


Por otro, constituían, en especial en el caso de bordados y encajes y a veces en el de la indumentaria, además del mantenimiento y transmisión de una tradición, como he señalado -esas mujeres bordando en corro-, el punto de cuidado y adorno de la casa y familia, y un aspecto de la fantasía y creatividad para todas aquellas mujeres. Porque, por más que repitieran patrones, siempre que esto ocurre, en algún momento, alguien se sale de él, y crea una variante o un patrón o labor nueva.


Todas esas mujeres en sus casas.. O en corros fuera de ellas, cosiendo y charlando.


A ellas no querían parecerse las mujeres que querían liberarse de ese fardo del pasado, las que querían ser independientes, trabajar fuera de casa, ganar su propio dinero y tomar sus decisiones sin depender de ningún hombre, acceder a la vida pública, no estar relegadas en sus casas.. cocinando, limpiando,  cuidando y cosiendo.



La liberación de la mujer se llevó por delante estas labores domésticas, estas sus-labores.

El pretaporter le dio el remate. Entre medias, recuerdo una legión de modistas y algún modisto, de todas clases y precios, y fantásticas tiendas de tejidos y enormes mercerías.


Creo que ahora podríamos echar una mirada al pasado y reconocer el valor de aquellos trabajos de esas mujeres, el reverso de nuestro actual ideal de mujer. 


En cuanto a la actualidad, agradezco poder coser, estar aprendiendo y poder apañar y confeccionar  mi ropa, mal que bien: entender cómo se construye una prenda, seguir un patrón, y sobre todo, ¡¡¡descoser mucho!!!. Pero también sentir la posibilidad de no depender totalmente de las grandes cadenas y de la tiranía de la moda.



Agradezco que aún haya tiendas de tejidos, donde te enseñan auténtico lino, auténtico algodón y seda. 


Agradezco las mercerías, siempre petadas, con su infinidad de productos.


Agradezo mucho los talleres donde enseñan a bordar, bolillos o a coser y -maldita sea!!!!- te hacen deshacer una y otra vez lo cosido hasta que quede correcto.


Y dejo un muy cariñoso recuerdo a la memoria de Curro, de Flecoster, fallecido hace unas semanas, que tan bien nos atendía a la turba invasora de señoras en su  maravillosa tienda de pasamanerías, plumas, lentejuelas, borlones, bordados.., y que me sirvió tan bien tantos  y tantos metros de cintas de organdía, semana tras semana.