SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

viernes, 30 de septiembre de 2016

"A la niebla le gusta / dormir sobre espinas", de José María Parreño -en escriba demenciado, exposición






Durmientes
2015
Ramas de jaramago envueltas en gasas deshiladas
57 x 42 x 8 cm.

Con agradecimiento a Ramona Ortega que me envió las ramillas por correo




A la niebla le gusta
dormir sobre espinas.
El agua tiene
sed de la sed.
Los hijos
de quienes cambiaron
la aldea por la ciudad
se hacen un chalet.
Los nietos
vuelven al campo.

Todo busca su opuesto,
descansaría en el hueco
del que se arrancó.
Todo reposa en el cambio.

Pero tú quieres lo uno
sin lo otro,
la mitad
de la unidad,
la realidad
coja.

Ya eres casi un viejo
y no has aprendido nada.



José María Parreño











La obra está completa dentro su vitrina a modo de caja,  que la permite autosustentarse sin tener que estar atada a una pared. Quise exponerla sobre una pequeña balda clavada a la pared, dejando  la obra separada de ella unos centímetros. No pudo ser, y se presenta en la exposición clavada a la pared.
Otra vez será.

Gracias, Jose 



domingo, 25 de septiembre de 2016

"País" de Angélica Tanarro con hojas de abedul, en la exposición escriba demenciado







 Hojas de abedul III
2016
Acuarela / papel de fumar 
67 x 57 cm.






PAÍS


Fue un país
una patria extraña cuyos mapas
hubo que inventar

Obviando los desiertos y
la sonrisa helada del invierno

(Con tantas palabras la ventisca
no nos concernía)

Pero ¿de quién las palabras?

… … …

Arranco las raíces de lo que no nacerá
en el suelo
que solo reconocen mis pies



ANGÉLICA TANARRO


El poema de Angélica ha quedado ya unido a la obra "hojas de abedul III", desde su extrañaza sin trazos aún sobre la tierra, con palabras que no se sabe de quién son sonando entre la ventisca y el invierno, arrancando raíces.

 El mundo era tan nuevo...













A veces, es verdad, el mundo vuelve a ser nuevo, y a pesar de la extrañeza, acogedor. Quizá por las palabras.







Por las tuyas, Angélica, gracias

sábado, 24 de septiembre de 2016

"Árbol de familia", de Fernando Beltrán. Exposición escriba demenciado - piel de chopo





Piel de chopo
2015- 2016
Lapiz de color / papel
70 x 49,5 cm.

ÁRBOL DE FAMILIA

Esos pasos que avanzan silenciosos
sobre suelos que hablan.

La madera del tiempo
escribiendo las voces que callamos.

El tronco trabajado de los días
que transcurren tenaces como hormigas
construyendo su calma sin descanso,

y de pronto naufragios como hierros
clavados en la savia.

La sangre que nos hizo.
Los daños que nos hacen.

La casa de madera en la que aún
amamos.

FERNANDO BELTRÁN



Hay  una hilera de chopos canadienses frente a mi trabajo, que contemplo tantos días a diferentes horas:  a la primera luz  de la mañana que ilumina lo alto de sus copas en diagonal, dejando el resto en sombra. Ahora empieza la luz, me digo.

Cuando empiezan a caer sus hojas, como ahora, verdes aún con deliciosas manchas. Seguirán cayendo muchos días, con otros colores, anaranjados, amarillos o parduscos, hasta casi el negro. Cuando queden despoblados, serán solo ramas meciéndose al viento, bajo la lluvia y tras la niebla que se les enreda en el ramaje. 

Más adelante comenzarán a salirles nuevas ramillas muy  curvas, como comas hacia arriba, hacia la luz. Y surgirán las nuevas hojas creciendo día a día, temblando en las corrientes, y  los brotes que puntearán las ramas. 

También crecerán estos brotes, convertidos en largas flores que caerán y mancharán de polen mis manos, mis papeles.

Luego  vendrá la época de la pelusa seminal, adorable, volando por todas partes y por todas partes entrando y flotando, escapando de sus ramillas con cápsulas. Tiempos de fastuosa nevada vegetal.


El tronco de estos chopos, punteados, con señales de anillos en horizontal y rastros de escurrimientos en vertical, es como una lengua que, interpretada, habla de la vida entera del chopo. Una escritura en renglones atravesada por los trazos de algo que escurrió -agua, quizá, de alguna lluvia que ahí quedo inscrita-.


Los puntos son agujerillos por donde quisieron salir pequeñas ramas con hojas, y que atravesaron la fina piel clara de la corteza, casi un papel. Ramas que algún jardinero podó, o simplemente, cayeron sin fuerza para sobrevivir.

Hay agujeros grandes donde se asientan musgos o líquenes microscópicos, que de verdes pasan al gris tras mucho tiempo. Y hongos grandes viviendo en las horcajaduras.

Hay también heridas, una inscripción de mano humana que empieza por A y que creció como cicatriz según creció el árbol y engrosó el tronco.

Pero también hay pájaros columpiándose en las últimas ramas, palomas torcaces balanceándose, gorriones jugando de rama en rama, urracas acechando. Y patos que marcan el cielo. Y hormigas, también hormigas, atravesando tenaces el tronco en hilera.





Gracias, Fernando, que de  la piel del chopo recreaste su vida
 y construiste una casa en la que amar.




miércoles, 21 de septiembre de 2016

retablo casual o algo que habla pero no





















La casa ha estado muchos años sostenida por un espantoso armatoste (andamiaje) exterior que ocupaba toda la acera, con total impunidad.


El nuevo equipo municipal les dio un toque a todos los dueños de varios edificios en la misma situación, indicándoles que si no ejecutaban ellos las obras precisas para retirar los andamiaje de la calle que no es suya sino de todos, lo ejecutaría el ayuntamiento con cargo a los propietarios de las fachadas y suelo -que es en lo que habían devenido estos edificios.


El resultado ha sido mucho más estético y ordenado. Además de devolver la acera a los peatones, el cemento aprisionando las verjas de los balcones me ha llamado la atención con agrado.


Quedan los trazos de las volutas metálicas, como algo que quiere hablar pero no llega a hacerlo, embebido en la pared.


Me recordó también al retablo de donde venía, la fachada del Colegio de San Gregorio -Museo de Escultura-. Todo me resultó familiar y casual a la vez.




 El conjunto tiene su encanto, algo scullyniano por cierto, a la luz del atardecer.