SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

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martes, 11 de agosto de 2020

Grieta

 






He publicado esta fotografía sin ningún texto y así la he dejado durante unos días, descanzando.


Tomé la foto de la escalera de mi casa desde el descansillo donde acaban las viviendas y al que solo solemos acceder mis vecinos de enfrente y yo, con los cuales la relación es tal que este lugar ya es casa, lugar común de encuentro.


Solo queda abrir la puerta y entrar: aún más casa y refugio tras lavarse las manos. Ya estoy a salvo, supongo. Y en mi intimidad.


Pero esta fotografía no es tranquilizadora, tiene para mí mucho de inquietante, por vertiginosa, pese a las aberturas de luz, como tantas fotografías de escaleras, especialmente reflejadas en el cine, de las que obviamente, he tomado nota.


La ambigüedad de las imágenes, o mejor dicho, su ambivalencia me son gratas. Y la distorsión en este caso entre lo que quería expresar -la seguridad de la casa, de todo el edificio y aún más de mi casa tras su puerta- y lo que la imagen que finalmente obtuve  me dice -inquietud-, me es aún más grata.


Aún hay muchas grietas entre nuestros deseos y proyecciones, la realidad y lo que captamos con las imágenes, por fortuna. 


Porque yo no sé lo que me he traído a casa. Pero bajo la superficie de la vida cotidiana, late seguro segura la inquietud.


Hace un par de días otra vecina me ha contado cómo durante el confinamiento limpió toda la barandilla de la escalera, de este piso al bajo. No lo sabía. Se lo agradezco mucho.

jueves, 9 de julio de 2020

Te voy a hacer un EPI de concertinas, miamor


Siguiendo con lo que decíamos ayer

acerca de

el enorme egoísmo que rige las relaciones interpersonales

en esta confusa época de neorrealismo postcovidiano 
con rebrotes y amenazas de neoconfinamientos,

ahora que el agobiante trabajo por cuenta ajena
que hay quien se empeña en considerar su servicio a tiempo completo,
me ha consentido un respiro 
y hasta puedo empezar a pensar
en volver a hacer obras.


Y tras charlar de este tema con la gente con la que me relaciono 

tras charlar con la gente que tiene un estudio de enseñanza de artes en mi edificio,que vuelven con mucha prudencia a empezar sus clases interrumpidas por el confinamiento 

con mi vecino que tiene un pequeño bar que cerró, claro, durante la pandemia y abre ahora, sin terraza a no ser que así se denomine una mesa puesta en medio de las obras que cierran la calle de su bar y le atruenan a lo largo del día

con la dueña del bar de la otra esquina, que ha podido poner las mismas mesas de terraza que ya tenía, pero expandidas ocupando más espacio -incluso delante de la mínima librería de segunda mano que accede encantado a que le ocupen su escaparate cuando no está abierta-

voy configurando el deseo de hacerte, mi amor,

UN EPI DE CONCERTINAS,

que es lo que te estás ganando,

en concordancia con tu egoísmo,

ese egoísmo agresivo del

porque yo he sufrido mucho 

y ahora 

tengo derecho a TODO

a reflotar mi negocio o mi sueldo o mi chiringuito o mis derechos 

o lo que se me ponga en los cojones, 

conservando mi salud bien envuelto en un EPI 
 
y pasando por encima del cadáver 
 
de cualquier trabajador, cualquier asalariado, cualquier mindungui,  cualquier persona

todo bien adobado de CLASISMO,

AUTOCOMPASIÓN, 

y mucho SENTIMENTALISMO-DRAMATICOIDE


que por algo semos gente culta que trabajamos con libros y hasta los leeemos o leemos las cubiertas y las fajas y estamos enteraos TACATÁ


y tenemos la misma pero mismita ética de todos esos personajillos de los sálvame, la isla nosequé y toda esa morralla que nos llevan sirviendo las teles como ejemplo para el español-ol-ol, 

 
por muy distintos que nos creamos,
 
miamol, con tu epi de concertinas hacia dentro, qué chachi


miércoles, 24 de junio de 2020

El paquete





Hace bastantes años, hacia 1989 ó 1990, cuando se sucedían los atentados terroristas y había quienes recibían o abrían inadvertidamente paquetes bomba, a una compañera que trabajaba de auxiliar administrativo en un departamento universitario de humanidades, le sucedió que le llevaron para su reparto entre el correo del día un paquete.
Al decirle a la Directora de aquel departamento de humanidades, señora fina de buena familia y exquisitos modales, que se había recibido, además de las cartas que le entregaba,"ese paquete", la buena mujer le respondió: ¡Ay, hija! Abrelo tú, no vaya a ser un paquete bomba.


Estos días me viene con frecuencia a la memoria esta devastadora anécdota.

Entre confinados y desescalados, personas muy cuidadosas de su salud, no reparan en que el resto de la humanidad más cercana, a la que no ven desde hace meses, también tiene salud que resguardar y personas cercanas o no a las que resguardar su salud, además.


Vivimos así entre muchas irrealidades que se entrecruzan fugazmente en pequeñas colisiones de malentendidos y perplejidades, entre la tibieza de quien sosegadamente nos habla y nos dice no vengas a trabajar ahora, y la rabia ante quien no parece entender cuál es la situación que vivimos y presiona y presiona para conseguir su miserable objetivo.

Entre el compañerismo y cooperación en el trabajo y la deshumanización a la que avoca la toxicidad ciega del egoísmo.

Eso sí, siempre muy sensibles y ofendibles al no, siempre tan lesionables, heribles, obcecadamente quejicas.