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(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

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lunes, 23 de diciembre de 2019

Bragueta de armar. Aproximación más cercana, et al





Bragueta de armar, realizada con la ayuda y muy buenos consejos de costura de Luisi.



Pese a ello, no quedé contenta. Aunque en algunas pinturas o esculturas las he visto más raras -"vergas raras" como la de la escultura sepulcral del caballero Garcilaso, muy muy rara-, me parece pelín informe para mis parámetros e ideales de belleza y perfecciónnnn.




En estas imágenes está colocada con alfileres en plano, sobre otro trozo del mismo tejido, shantung de seda. Es decir,  no está montada como debería en su sitio en unas calzas, volumétricamente. Parece una ranita. Y ha perdido de andar por ahí rodando, parte del relleno, por lo que está un poco desinflada.





El forro es de seda natural verde agua, que apenas se aprecia aquí en el borde.

Esta bragueta la hice hace ya mucho, pero entre tanto, me he liado cosiendo otras historias.





Una de las cuestiones  fue cómo colocarla, por lo que me construí un calzón de batista, con lo que aprendí la maravilla del pantalón y sus cruces de costuras.

Ya de paso me entretuve haciéndole una bragueta antigua, aunque no sabría decir de qué época, con ojales redondos y lacitos divinamente rematados -ahí me lo pasé fenomenal-

Todo ello a mano.

Lo de los lacitos para abrir y cerrar la bragueta me mata de risa. Como para una urgencia! Me los imagino medio desatados todo el día, con la bragueta por tanto medio caída,   o hechos un nudo de mala manera para cuando menos falta hace. Metiéndose donde no hace falta, etc. Tenían que tener mucha paciencia, habilidad y tino los usuarios que los portaran para tanto hacer y deshacer lazaditas..





Entre tanto, me dio por hacer un cuello de lechuguillas, con un divino tejido que no sé si es delicadísimo hilo o un lino muy fino y abierto. Le cosí muy fruncido un encaje de bolillos -130 cm.- comprado en uno de mis anticuarios online favoritos, y lo cerré con unos cordones que hice trenzando y anudando hilos de algodón -otra pichorradica con la que disfruté mucho.

Una de las cosas peliagudas fue cortar el encaje de bolillos, que estaba cerrado en círculo, y rematar cada grupo de hilos para evitar que se deshiciera. 

El fallo del cuello es que le faltan los abanillos, que son fundamentales. O sea, que de cuello de lechuguillas, nada de nada. Pero lo disfruté mucho.

Así que me puse a investigar seriamente estos cuellos y su factura -cut and construction o corte y confección-, que ha de ser muy perfecta. En ello ando todavía.

Y entre col y col,  me he dedicado a hacerme ropa para mí, incluido algún sombrerito o gorrito.

Y tan contenta.


viernes, 10 de agosto de 2018

Del burqa





Como una obra más, he cosido un burqa a mano durante bastante tiempo. Lo he hecho consciente del punto de fricción que esta prenda de vestir presenta en nuestro mundo, ahora, y más consciente a medida que he ido buscando documentación -imágenes en la red- y publicando lo que iba haciendo.



El burqa lo conocí personalmente, me confronté admirada a él, en una exposición sobre Alejandro Magno.

De ahí supe su antigüedad, muy anterior a su actual significación religiosa, y a nuestro escándalo occidental.

Según me explicó un arabista, en su origen fue el atuendo de las mujeres del desierto, que, como los actuales beduinos cuyas ropas  no molestan ni escandalizan a nadie, van muy cubiertos para evitar la exposición al sol y preservarse del calor. Cuando estas tribus se asentaron en las ciudades, conservaron con orgullo su atuendo y el llevar el rostro tapado.

Al mismo tiempo me asombró de aquellos burqas de la exposición sobre Alejadandro Magno,  su belleza y cerrazón: los burqas que se presentaban en la exposición me desafiaban por su impenetrabilidad, precisamente: me imponían por ser barreras.



No deseo polémicas, las consabidas y fáciles polémicas occidentales sobre imposición, patriarcado, posesión, religión, borrar la identidad de la mujer, etc.


La polémica para mí está en nuestra mirada occidental, en nuestro juicio y en nuestros muchos prejuicios y la agresividad que vertemos hacia esta prenda, y en quién los promovió y promueve y sostiene.

La polémica y el escándalo para mí están en nuestra cerrazón mental, en la manera en que nos acomodamos a tópicos y pensamientos hechos, ya dados por otros, a no querer pensar más allá ni buscar estados de pensamiento y comprensión que no sean el extremismo y la confrontación.

El único punto que valida el uso o no de una indumentaria, es la libertad de elegirla, y eso es cosa de cada cual, muy mediatizado, como sabemos, por el medio. 


Como nos pasa en "occidente" con nuestras costumbres, vestimentas, modas, maneras devivir y neuras, no más. También muy mediatizadas, absurdas mil veces, e impuestas por publicidad, contagio, y mil medios visibles o no tan visibles. Solo hace falta echar un vistazo a una revista de moda, a un semanal, a la propia red, a nuestra manera de vivir.


Con esto quiero decir que nosotros también tenemos muchos burqas, mentales y físicos, sobre los que deberíamos posar nuestra mirada y reflexionar, y no mirar tanto a "los otros" señalándoles con el dedo.



Así en las redes, desde que me he interesado en Pinterest por el tema del burqa y sobre todo, desde que publiqué la entrada anterior con la imagen de la rejilla, he recibido cientos de visitas inusitadas en este blog, continuas y  extrañas. Y más de 500 solo en la citada entrada, cosa absolutamente extraordinaria en este lugar.


Visto lo cual, he llegado a considerar el burqa  como una  cómoda casa transportable que evita miradas y juicios impertinentes, de otra forma insoslayables, de otros machos y hembras. Una manera de eludir  la multipropiedad.



domingo, 1 de julio de 2018

Rejilla










Aún no tengo claro cómo se ve el mundo a través de esta rejilla. Cómo se camina desplazando la mirada tras ella, los ojos agazapados al encuentro de.


No es una experiencia muy distinta a la de nuestros velos, hoy en desuso pero no desde hace tanto tiempo,  que por curiosidad e interés por ese atavío sí he usado alguna vez.

Y similares a las celosías de ventanas, no solo usadas en conventos.




Aún en construcción e irregular, seguiré con la labor -que se suele calificar de "femenina". Allá quien se pierda sus goces-.

Hilo de algodón y de seda sobre organza. 7 x 17 cm. tamaño máximo.




viernes, 1 de junio de 2018

Sombrerito






Sombrerito de organza en doble capa, tipo casquete.

Vista frontal




Vista lateral




Vista posterior 

un poco desviado del eje, y con asuntos pendientes para su finalización.






   


El sombrerito es parte de un conjunto más grande, un atavío o indumentaria o vestidito. 

Llamémosle vestidito.

                            Vestiditos: es lo que ando haciendo desde hace meses.


Podría llamarlo "textiles" y quedaría muy bien, pero me gusta más decir que hago vestiditos, pues recoge la ilusionante parte de poder vestirlos, meterse dentro de lo planificado y hecho  realidad sólida, momento en que "la obra" adquiera su forma, la que se planificó. 



Hace muchísima ilusión, tanta como  jugar con muñecas siendo  niñas  y muchísima más que el actual ir de tiendas y probarse media tienda. Se parece más a jugar a muñecas que al shopping, pues es mucho más íntimo y tiene el aspecto del juego, la creación, la proyección de deseos.


En el shopping diría que el deseo que está en juego es la búsqueda e imposible caza de una imagen ideal que no siempre (casi nunca, nunca) es la propia, pues está muy (totalmente) mediatizada (dirigida) por los cánones de belleza y corrección ajenos y por la imagen que ya nos ofrece (impone) la publicidad de la marca ("Pues a mí no me queda como en la foto del catálogo"). Es el deseo de otros lo que está en juego en el shopping.

¿Quiénes son esos otros?: mira alrededor.