Isla
Vilanos de diente de león / corteza de plátano ornamental
4,5 x 7,5 x 3,3 cm. aprox.
(Esta fotografía recoge el tamaño real de esta cosilla)
Imágenes de la obra a mayor tamaño que el real
Pese a su aspecto frágil, el vilano de diente de león es bastante resistente a caídas, golpes y enganchones. La parte más débil es el punto en que su pedúnculo se une a la semilla. Es fácil que la semilla se separe del papus, o bien que se tuerza el pedúnculo en ese punto.
En esta obra, los vilanos del piso bajo los he pegado a la corteza por la semilla. En las siguientes hileras o pisos, los vilanos están pegados sin semilla, pegados por el pedúnculo desemillado al centro del vilano del piso inferior -con puntería-.
Es frecuente que en ese punto interfieran los filamentos de un vilano con los de otro, pues los filamentos estos tan simpáticos se pegan a todo. Esto dificulta la labor de hacer torrecillas y muestra que hay que tener muy en cuenta la afabilidad de los filamentos unos con otros.
Supongo que ese afán de engancharse lo produce que cada filamento tenga minimísimos salientes -visibles al microscopio, no con lupa-, por los que se engancha a todo lo que puede y en especial a sus congéneres vilanos, mi jersey y mi pelo. Este aspecto es una función natural, no pensada para pegarse a mi ropa, por supuesto. Lo deduzco de este otro vilano, de una especie que no sé nombrar, de 6 cm. de alto y 5,5 de diámetro. En él se ven perfectamente que los filamentos tienen otros filamentos más pequeños, con gran capacidad de aferrarse a donde quieran. También en su tallo o rabito aparecen salientes para este mismo fin.
Lo más divertido de los vilanos desemillados, es verlos rodar por mi mesa, revolotear al menor movimiento de una hoja de papel, a un gesto brusco de mi brazo. Respiro suavemente en su presencia y así los atrapo.
Ha sido un placer