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(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

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domingo, 19 de abril de 2015

Exposición "Geodésico", de Félix Orcajo




En la exposición "Geodésico" del escultor  Félix Orcajo, realizada en el  Espacio expositivo El huerto del tertuliano (Fuente Olmedo, Valladolid), pude contemplar a gusto las obras, y entre ellas, éstas:



La jaula aplastada y deshecha, con la pluma coronándola arriba, por si quedara alguna duda de que algún volátil la habitó, estaba situada en un nicho en la paed de la escalera.

Al contemplarla sentía por un lado la violencia del aplastamiento, del que creía ver escapar -con suerte, si la tuvo- a una paloma despavorida.

Por otra parte, la delicadeza de las varillas deformadas,  y de los alambres que sujetan la pluma y toda la obra pendiente, con la base de la jaula a punto de desprenderse y caer, me parecieron muy poeticos.





Algo similar ocurre con este grupo de obras, dispuestas sobre el suelo como lápidas.

Con toda su poesía, la delicadeza con que han quedado atrapadas las palomas con sus plumas visibles, convive con el desasosiego de saber que las palomas, muertas, fueron atrapadas en un nicho de cemento donde quedaron descomponiéndose a la intemperie, bajo el efecto de otros animales y bichos y lluvias, vientos, heladas, en un proceso más allá de la acción del escultor, que lo provocó.









Todo el proceso queda  atrapado aquí, entre el hueco del cuerpo y la solidez del cemento.




Otra obra que me encantó, con su sencillez, es esta doméstica repisa con sus no menos domésticos platos, sobre los que se elevan sendas pirámides de clavos y otros hierros.

La obra, muy hermosa y hermética, contiene también una violencia: la sugerencia de comer clavos, que deja un gusto desasosegante.





Vista parcial de la instalación que invadía, desde una  pared, al fondo,  casi todo el espacio del piso superior de la galería.

En la exposición había también un conjunto de rayogramas de insectos y otros bichos: todo con un aspecto muy extraño, con manchas e irregularidades propias de la técnica, con el asombro por insectos vistos a tanto tamaño, y enmarcados además en extraños marcos.
 
Me sugirió lo extraño, lo otro, lo siniestro.




martes, 24 de marzo de 2015

Félix Orcajo ( la intemperie)










el muro se desliza  sobre las irregularidades del terrreno. 

(¿estamos dentro de / estamos fuera?)




  el muro se quiebra

 se abre








en un acodamiento
se abre en puerta y ventanas 

(hacia dentro hacia fuera 
hacia el campo hacia el lugar)

el lugar  de las obras









se abre en ventanas enmarcando un paisaje que ya está, señalando la intemperie en la que estamos







también hay en él  un murete, un pequeños lugar domésticos, a nuestra escala. un murete donde podría sentarme un rato a estar, estar sin más. Si no fuera porque las ramas me lastimarían. No es un muro ¿acogedor?





este es un no lugar intervenido por el artista Félix Orcajo, lugar nolugar donde ha plantado sus obras como árboles. Todo lo que allí se ve está contruido reconstruido.


Todo el lugar marcado y sin embargo

Todo está abierto, cualquiera puede entrar y transitar por allí, siguiendo caminos o no.

Y sin embargo sigue siendo un nolugar


Me inquieta que aunque es lugar abierto por todas partes, hay un punto, un edificio, taller, donde según nos acercamos se adensan los signos personales y me parece estar violando una intimidad.






Hay hitos




caminos 

y un sofá agujereado abandonado, lo  propio de un nolugar -salvo que éste es una obra de cemento



un pasaje o puente (o techo en el suelo)




un delicado redil para árbol







oquedades construídas -excavadas y forradas con cazuelas, platos, cuentos,  

recogerás lluvia. 

Si la pared del recipiente es de cristal, miraré  la vida de los insectos




fósiles atrapados en cemento- palomas muertas fraguando su proceso -el ajeno proceso de putrefacción, desecamiento, ahuecado-





otro resto de animal atrapado





Una larga pasarela zigzagueante construida con planchas metálicas










 dos estructuras de cobijo  hechas con ramas



 montículos con cráter




y mires donde mires todo es detalle,






a la intemperie, una escultura de metal y madera pintada - continuando el proceso del deterioro-



 y árboles, naturales y en confusión con los construidos













y un árbol intervenido -tronco trenzado- que casualmente también está allí








y un huerto o jardín cuidosamente trazado y cuidado
y el edificio, y detalles simpáticos o irónicos o chistosos -un buzón de correos a una altura imposible-


y más y más intervenciones y obras
en este nolugar habitado,
levantado, volteado y transformado



Intervenciones y obras cuidadosamente realizadas para evitar que el nolugar pierda ese carácter




y guarecer cuidadosamente su intemperie.




(Gracias a Javier García, El Huerto del Tertuliano, Nacho Gil, Maite Rodríguez y Félix Orcajo, que me condujeron hacia este emplazamiento deslumbrante)