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(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Del deterioro

En la ultima entrada,  Pasajes melancólicos, publicada en  el blog del Minotauro Digital por  Santiago, imagina a Walter Banjamin deambulando por el deslumbrante París de  la Modernidad, vagando por los pasajes comerciales, dejándose seducir por las llamadas de sus escaparates con mercancías venidas de todas partes... y su intento de recuperación arqueológica de todo este mundo de consumo y arquitecturas urbanas en los "Pasajes".

"obervaría con toda seguridad cómo los objetos se van ajando.

Sería entonces cuando comprendió que el uso es consumo y desgaste"


uso, consumodesgaste, ajar, palabras que me llevan a DETERIORO




Esta fotografía muestra la parte posterior de un grabado fechado en su cara anterior en 1631.

(El grabado reproduce una pintura francesa de la época de amable temática religiosa)


Presenta: manchas de humedad y otras inclasificables, bandas de refuerzo de papel, atravesando el papel en cruz y conteniendo sus bordes -bandas que me parecen vendas- en una intervención restauradora propia del siglo XIX,





una inscripción con tinta sepia en el cuadrante inferior izquierdo -4 R., es decir, 4 reales, el precio en algún punto de sus avatares-, cifras que parecen una cuenta en el cuadrante superior derecho,





un dibujo a lápiz, esbozo de un ojo, sobre el papel de refuerzo en el borde del cuadrante inferior izquierdo.


Y grietas, manchas de tinta, una mancha de óleo ocre claro, marcas de haber estado doblado en cuatro, otras horizontales de haber permenecido enrollado.


Todo esto son vestigios de un uso y una historia que asombrosamente, a pesar de todo, ha llegado aún a este 2009.



Y dicen: fue guardado en diferentes ocasiones, fue utilizado quizá en el taller de  un pintor , quizá pintor aficionado según la época (los grabados se hicieron en principio para difundir obras pictóricas, escultóricas, arquitectónicas -éste representa una pintura francesa desaparecida allá por la Revolución- y abundaban en los talleres de pintores, que aprendían las figuras y estilos creados en otros lugares.


Dicen: fue vendido -aquellas periódicas deblacles de los grandes financieros-coleccionistas del siglo XIX, los cambios de gusto de comienzos de ese siglo que quitaban los cuadros de las paredes palaciegas para enmoquetarlos a la nueva moda francesa, otros múltiples cambios de gusto y apreciación de las obras, la decadencia económica de la nobleza,  la eterna y avarienta miopía eclesial que pervive aún tan ricamente: de repente inundaban el mercado de obras de todo tipo y se vendían grecos en los chamarileros.*



Dicen además: perdido el recuerdo de su valor, fue utilizado como papel para hacer unas cuentas.


Sin valor actualmente

"en caso de restaurarlo su valor pude ser... 250 €"
"ahora no se llevan las obras de temática religiosa"
"dada la situación actual del mercado y del mercado de antigüedades en este momento"


Un grabador se esforzó en su trabajo hace siglos, y con la nueva técnica del grabado en plancha de cobre, reprodujo la obra de un pintor, probablemente a petición suya, quien también se esforzó, viajó a Italia, se hizo con las nuevas formas manieristas, volvió a su país, creó escuela y tuvo éxito (temporal).


Gentes diversas utilizaron esta obra, la contemplaron, rezaron ante ella,  aprendieron con ella, ganaron 4 reales vendiéndola, alguien la compró, la apreció, la hizo restaurar, la guardó.



Todo eso no tiene importancia, no vale






A partir de toda esta experiencia y reflexión, el verano del año pasado hice esta obra "Del deterioro", con tinta y acuarela sobre delicado papel de seda, de tamaño cuartilla, como se decía antes.

Es solo un papel manchado con el cuidado y la paciencia que impone la tinta: intenta reflejar huellas del  uso y del desuso, del paso del tiempo, y esa pérdida de valor: papel manchado.





También hice esta otra, dentro de la poética del deterioro y la desvalorización.


Realizada en papel de seda, recoge las improntas dejadas por otra obra que realicé encima de ella, con punzón sobre papel entintado -falso grabado- con elaboración posterior a tinta. Las marcas y roturas son huellas de la otra.


Pero: 

deterioros que son huellas y que producen nuevas obras

desvalorizaciones que nos reafirman



Sí, hay hálito y aura



algo queda siempre y ese algo nos mueve



*Esta información es mi recuerdo de la monumental "Dispersión y destrucción del patrimonio artístico español", 5 tomos con magníficas reproducciones de las obras, escrito por Francisco Fernández Pardo.

Su lectura me resultó interantísima y fascinante, aunque no puedo estar de acuerdo con su minusvaloración del arte contemporáneo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

archivos melancólicos



Ayer Santiago publicó en la Bitácora del Minotauro Digital una reflexión titulada "Borrar las huellas":


Después de una hermosa entrada sobre las huellas de su niñez en la arena de la playa borradas por las olas, Santiago pasa a hablar de lo contrario a este no dejar huellas: TODO ES ARCHIVO, un inmenso archivo al que contribuimos todos los usuarios de internet, que por todas partes vamos dejando huellas y añadiendo más material insignificante  al archivo universal, al museo universal  de lo inane. 




 


Esta obra de abajo, titulada "archivos melancólicos" quiere recoger algo de esta sensación: mi escritura con bolígrafo negro está tapada con bolígrafo de gel blanco, siguiendo los renglones y columnas de los periódicos sobre un papel algo encerado semitransparente. No es papel de periódico lo que hay debajo ni lo finge. Pero hace referencia a la acumulación de palabras que nos regala la prensa (se puede aplicar a la proliferación de palabras e imágenes en la red).



Durante algunos años trabajé tapando plúmbeos artículos "de opinión" e incomprensibles pero detestables -para mí- "cotizaciones de bolsa", feliz cuando el pesado de turno ocupaba una hoja entera del periódico -bajaba entonces al kiosko y compraba 6 u 8 ejemplares-.

El resultado de esta operación, visto a distancia es una dura geometría de rallitas  horizontales de color blanco agrisado sobre el color más cremoso de los márgenes del papel de periódico, que hace más visible el peso de lo tapado.
 Vistos de cerca son una especie de sopita de la que emergen trozos de letras, signos ortográficos.... residuos de textos.


 


¿Hay algo más melancólico que un archivo?


Por otra parte, para un lector particular no coleccionista, un periódico leído acaba en el contenedor de papel:  y sigue un proceso de re-ciclado en el que vuelve de nuevo a ser soporte para más periódicos, noticias, opiniones que pasan, que van a la  basura contenedora recicladora. Este destino cíclico y de degradación del soporte, sumado a lo efímero del contenido llena de melancolía a estos papeles escritos periódicos.

Lo guardemos o lo perdamos hay  melancolía, aunque provenga de distintos 
lugares de nuestro estar.




Además de la opción de perder la memoria, borrar las huellas, quedarnos en silecio, que señala Santiago, también podemos optar por sumarnos al ruido general, añadir más confusión a la confusión, 
taparnos unos a otros las huellas a base de aportar más imágenes y palabras a la acumulación.


O bien, humildemente dejar escapar nuestra vocecita, 
sacar a pasear nuestras pequeñas imágenes.






La obra archivos melancólicos, de 60x 80 cm. fué expuesta en 2006 en la exposición "signos mínimos",
al igual que la obra superior, similar  a esta, realizada sobre papel vegatal y de tamaño 21 x 28 cm.