SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

domingo, 1 de mayo de 2011

llueve, llueve, llueve








Andamos enredados los diletantes y myself en una obra un poco larga y pacientuda, así que aquí vamos poniendo un adelanto de esta llueve, llueve, llueve







La obra se hace -la hacemos- con abalorios transparentes de diversos tipos y sedal,. Es decir, una labor muy femenina y hágalo ud. mismo, que ocupa ahora a muchas mulieres que se hacen maravillas con estas cosas tan pequeñas y rodantes.



Aunque ya habíamos hecho obras con abalorios, acabamos de descubrir con esta nueva cosilla que hacemos, que el mundo de los abalorios y demás es inabarcable y tienen cosas tan alusinantes con las que plantearse hacer nuevas obras, que andamos muy entusiasmados siempre preguntando a la vendedora, que resulta ser una chica muy simpática que me llama corazón cada dos palabras.



Y en este caso, cada sedalillo mide 180 cm. y van 5, aquí expuestos sobre una lámina de aluminio. La idea es colgarlos en un círculo para que se meta allí quien quiera y esté entre la lluvia. Pero hay que hacer muchos más para que uno se sienta entre la lluvia.


y el título de la obra me lo da Roger Wolfe cantado por Diego Vasallo en su disco "La máquina del mundo"

llueve,
una somnolienta
y dócil lluvia
de ligeras alas tibias
que agonizan
salpica mansamente 
los suburbios,

una endeble y blanda lluvia
más antigua que la historia
sesga las mal iluminadas
innumerables ventanas de la urbe
y su exhausta trama
de calles
y arrabales 
y avenidas;

y a través de todas
las auroras
y de todas las edades y del odio
implacable y sordo
de las dispares geografías de los hombres,
en el palpitante y desquiciado
inmenso corazón del orbe

llueve

Roger Wolfe
"Poemas desde un cuarto", 3
Noches de blanco papel (Poesía completa 1986-2001)
Huacanamo, 2008

Y también está aquí el recuerdo de este otro poema de José María Parreño:


Este otoño que tanto te quiero,
te regalo la lluvia.
La lluvia es todo:
es canción triste, es compañía,
es llanto persistente sobre todo el paisaje,
es la caricia que hace temblar el suelo
y elevar el sexo de las flores.
Es la orden húmeda que implanta 
los más espesos olores.
Te la regalo porque es como tú,
extensa, repentina,
de estatura cansada por el sol de la tarde,
de ojos también cayéndose camino del invierno
y porque en ella yo me siento tan dulce
como me siento en ti.
De todo lo que vuela y nos hace sufrir,
nada más compasivo y simple que la lluvia,
nada tan frágil y a la vez tan invicto
y nada como su misma promesa de frutos y verdor.
Mírala,
como un mar derrumbado,
como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
Muchas veces
me empapa de nostalgia y me hace nudos
que escuecen al tragar.
Será porque la lluvia
cubre bosques que has amado conmigo,
nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
en lejanas provincias junto al mar.

José María Parreño
Instrucciones para blindar un corazón
Tansonville, 2009