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(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

jueves, 30 de enero de 2014

"Las sumas y los restos", de Ana Pérez Cañamares





Mañana, viernes 31, se acaba este mes,  y Ana Pérez Cañamares, acompañada por Belén Artuñedo, presentará este poemario, Las sumas y los restos (Devenir, 2013), en la Librería a pie de página.

No es difícil elegir buenos poemas de Las sumas y los restos. Me parece que todos lo son. Selecciono algunos de cada una de las cinco partes en que se divide el poemario: "Norte", "Sur", "Este", "Oeste", "Los tesoros":





Llega la primavera confusa

con sus deslumbramientos;

viene mintiendo un mundo

en el que siempre pasa algo



pero yo sé que no miente

porque recuerdo esta luz

antes de que tapiaran el cielo

antes de que nos recluyeran



y nos dejaran huérfanos

de todos los pequeños

                          acontecimientos.


(de "Sur") 

 .





Para Jorge Riechmann





I.





Cuando pueda mirar a un árbol

de igual a igual



llegaré a conocer

mi propia grandeza.





II.



Si aprendiera a cuidar lo pequeño

lo grande permanecería a salvo.

(de "Norte")

..



Tanta pena te pasa desapercibida
tanto dolor en procesión de silencio.

Tú jugabas mientras tu padre soñaba con otra
y tu madre fregaba los platos
como si arañase rostros.

Tú eres la hija de esa pena
y ahora a veces ocultas la tuya
como un tardío homenaje
a los que sufrieron y callaron
por respeto a tus juegos.

 (de "Oeste")



Mientras cruzaba el paso de cebra
un niño me ha disparado.
(Ha levantado su brazo
me ha apuntado con el índice
y yo he sentido la bala entre ceja y ceja).

Decido morir hasta el día siguiente.
Una cosa es que desprecie mis fantasías
otra que no le permita ejercer su trabajo a un niño.


(de "Este")






El tumor en el vientre de mi madre
hacía que pareciera embarazada.

Mis hermanos y yo la mirábamos
esperando que nos naciera a otra vida.








Ahora los árboles están
en las casas de los ricos.
Como antaño estuvieron
en los patios de mis padres
en los huertos de mis abuelos.

Pero los ricos no conocen
los nombres de los árboles.

De nada sirve encerrar
lo que no nos habla.
Solo poseemos aquello
que nombramos.
Sólo nos posee aquello
que escucha su nombre en nuestra voz.

(estos dos último poemas pertenecen a la última parte del libro, "Los tesoros")

Creo que queda claro que recomiendo mucho su lectura.