SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

jueves, 1 de mayo de 2014

coraza-corsé




Esta especie de gran pajarraco es una coraza-corsé realizada con cordel anudado, madera y ramas de chopo, a lo largo de varios meses. Talla XS.


A falta de algunos remates y los ajustes definitivos al cuerpo para el que lo hice -la talla xs- está ya acabado, pues cumple con su doble objetivo: ser coraza protectora y ser corsé aprisionador del cuerpo.



Parte exterior extendida de la coraza-corsé, sobre la mesa de operaciones o disecciones.


El trozo de madera central protege la zona superior del pecho. Las ramas tienen la función de costuras y ballenas rígidas del corsé y coraza. Las alas laterales son la parte correspondiente a la espalda, donde la coraza se cierra sobre con las típicas cuerdas cruzadas de corsé.



Vista del acogedor interior también desplegado.



Detalle: parte inferior, vista desde el interior, correspondiente al pubis.



Detalle: zona lateral, entre dos nudosas ramas de chopo, y zona de la espalda a la izquierda.



Detalle de la zona central.





Detalle dela zona lateral, que protege las costillas de la parte izquierda del cuerpo.


El impulso para hacer esta obra surgió del viejo deseo de trabajar con cuerdas y hacer algo tridimensional con ellas, unido al conocimiento de los pectorales ornamentales papuas, de Nueva Guinea, realizados con colmillos de verracos y cuerdas o fibras similares.

Obvié el uso como adorno del pectoral y quise hacer un artefacto defensivo del cuerpo. Para darle la solidez defensiva que requiere un armadura o coraza, ingenuamente utilicé cuerdas anudadas. En ocasiones los nudos parecen bubones pestíferos, malignos quistes de inesperado y temible crecimiento, que quizá tengan una función disuasoria ante un posible ataque al cuerpo acorazado.

Y toda esta presunta solidez y cierre puede venirse al traste si cualquiera de las ramas nudosas, quebradizas en definitiva, se rompe.. porque nada es definitivo ni definitivamente nos defiende.

Y como toda coraza nos aisla el cuerpo del exterior, y lo encierra y aherroja, y lo cierra y oprime y constriñe, le di forma de corsé femenino, con sus cuerdas cerrando todo por la espalda, y manteniendo el cuerpo en una rigidez que no es la suya natural.

Cuerpo que ha de soportar el encierro y el peso de tantas cuerdas.



Para trabajar con el cordel y hacerle todos los nudos, a fin de darle flexibilidad y deshacer su superficie lisa, como encerada, cada cabo utilizado recibió un abrasivo tratamiento con un estropajo de níquel (alias "nanas"), que conseguía volver a sacar las fibras a la superficie. 

Este tratamiento produjo un polvillo que fui recogiendo en un recipiente para posibles usos posteriores. El nanas quedó hecho trizas, claro.

Al final fueron casi 12 carretes de cordel de 100 gramos -no se indica su longitud- sin más instrumentos que tijeras, el nanas mencionado y mis manos y el tiempo. El resto son todo nudos, anudamientos, atadijos. Sin fraude.