SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

miércoles, 28 de mayo de 2014

mi casa La Curva






La primera sensación al saber del cierre del bar de Angel Arribas, La Curva, fue de incredulidad, luego nos inundó la pena. Tras escuchar a Angel los motivos, dijimos como niños

¡Nos dejas huérfanos!

Pero luego echamos para atrás, repensamos lo oído, dejamos de lado nuestro egoísmo, y dijimos 

Pues que te vaya bonito con tus nuevos proyectos
y tu nueva forma de estar, que descanses y que hagas
lo que quieras donde quieras como quieras

 -- y nos callamos todo lo demás - 

que te esperamos, que te queremos, si ya lo sabes,
un poco de pudor, caramba!
no se acaba el mundo, que no se ha muerto naaadieee
y que te vaya bien
y que os vaya muy bien, que os queremos,
que nos lo hemos pasado tan bien,
que nos llevamos tantos recuerdos,
contigo
y con Memé
y con la parroquia de La Curva

Y al pasar un poco más de tiempo pensamos: 

aquí hemos aprendido mucho, no solo hemos vivido, sino que           nos hemos hecho en muchos sentidos.


Aprendimos a colaborar entre nosotros, a esperar la palabra del otro. Aprendimos a estar unos al lado de los otros. Aprendimos a hacernos amigos, a tratar de limar las rencillas, a escuchar como escucha Angel con tanta paciencia, como habla Angel, tranquilamente, como aprendimos a esperar sus palabras.

Y entonces comenzaron a fluir los recuerdos.


 made in La Curva

Y recuerdo con mucha intensidad aquellas noches en la barra de La Curva, en que codo con codo con Chapu Valdegrama dibujábamos ambos, él sobre un posavasos y yo en un cuadernito, mientras a nuestro lado Dani leía como siempre un periódico (Y luego Chapu y yo nos intercambiábamos bolis y cuadernos y posavasos y continuábamos el dibujo del otro).

Aquellas noches en que alguien, quizá Eduardo Fraile, me hablaba de Anne Sexton y me escribía su nombre en el cuaderno. 

Y mientras todo esto ocurría, Angel, al otro lado de la barra, nos miraba a todos con su sonrisa y yo me sentía allí a salvo, confortada. En casa.


Recuerdo las reuniones tumultuosas de los Arañados Signos y cómo, gracias a Angel, nos fuimos conociendo unos a otros.


logo del gran Ginés




Recuerdo los magníficos saraos de El Elefante Rosa y cómo sobre la barra de La Curva, Alma, Vane, Eduardo y un porrón de gente, metimos los más de 100 papeles de fumar intervenidos en bolsitas, para regalarlos con cada ejemplar del Nº 15 del Elefante. 








¡Gran sarao, sí, señor! fue aquella presentación del Nº 15 del Elefante Rosa, con Alma bailando flamenco y todo el mundo rodeado de hilos, y un corazón de vaca pasando de mano en mano, y en el patio una instalación para escuchar poesía por un tubo.

Recuerdo tantas y tantas noches versatileando con la gente de El Colmo Colectivo rodeados de poetas que de repente invadían La Curva, guiados por Javi García y Pedro. Y luego los colmos y Javi y Pedro y Angel, volvían a la siguiente sesión de versátil.es a presentar a otro poeta.



Foto: Laura Fraile

Recuerdo de entre ellas aquella noche en que apareció Jesús Aguado que reaparecía emocionado, tras muchos años, en La Curva, y que había preguntado a Javi al llegar a Valladolid, si seguía existiendo un garito llamado La Curva, y cómo Angel le realó uno de los números de "Las 4 estaciones del jugador de chinos" donde escribía Jesús Aguado. Y cuando llegó a La Curva, se sentó en una mesa del fondo y junto a él algunos Colmos, que escuchaban sus recuerdos de cuando él de joven estuvo en La Curva.

También recuerdo la noche en que Roger Wolfe no vino a La Curva. Pero vino tanta genteeeee


Recuerdo los muchos montajes de exposiciones de los Arañados signos en La Curva y en el Cafetín,  y el Trocadero, el Morgan, el Penicilino, el Mandela, el MUVa,  y la Facultad, y el Trocadero y la Curva, y la puta calle (aquel estupendo y muy eficiente comando nocturno rastebatizador

y en la curva y en  la curva y de nuevo en la curva, 
nuestra oficina,
nuestra taquilla, gracias al infinito cuidado de Angel,
 nuestro sembrado de ideas burbujeantes.




Aquellos montajes en los que siempre faltaba alguna cartela y Pepe Pin siempre llegaba tarde con alguna obra sorprendente, y de cómo nos las ingeniábamos para colgar todo sin que nada se cayera. Y recuerdo aquella noche en La Curva en que Hipónimo exclamo, junto con su mellizo Hiperónimo:


¡YA TENEMOS TRAYECTORIA!





(bodegón con Arañados Signos
-no sé  quién hizo esta foto-)







Y una de aquellas noches concurridas en que Ginés 
dejó en La Curva una copia de sus dibujos de La Curva.

 
Recuerdo cómo del influjo de Alma y Vane y La familia bien, gracias, y Bulgarcita Pingos y de los Arañados signos en general, con toda su desbordante creatividad, nacieron los Diletantes, que se fueron rápido a corretear de aquí pallá.






O de cómo otra noche tranquila pero exultante, cerca de un versátil.es, Santiago se inventó al poeta Lolo Oregano Diez, y en un momentito le publicó una plaqueta, (y tratamos de colarlo en el versátil.es pero no coló, pero algún arañado sí le hizo una obra).







Recuerdo las plaquettes de La chica de La Curva, de El Colmo Colectivo, y sus divertidísimas y muy concurridas presentaciones, que acababan a las tantas con la gente bailando sobre la barra de La Curva y Gonzalo cantando con su bob esponja metido en la cartera.




Y me acuerdo mucho también de cuando Adriana Bañares y Pat empezaron a aparecer por La Curva, y a preparar allí su La Plaqueta o La Fanzina, y a leer sus poemas que luego perdían allí en La Curva, y recogía con amor Angel y allí quedaban, y del buen trío que hacían con Eduardo Fraile. Y de cómo siempre andaban maquinando algo estupendísimo.


También me acuerdo de cuando Paco dejaba sus poemas escritos en la pared del retrete de caballeros o sobre la barra de La Curva, pero no sé si alguien los recopiló o solo están en nuestra memoria.




Y entre los últimos recuerdos están las sesiones de los viernes de los Susurros a pleno pulmón con el micro abierto,  llenando el bar hasta atrás, y de cómo se les fue uniendo gente, y de cómo aparecieron nuevos poetas y de cómo otros empezaron a ser poetas,  y de cómo fueron escribiendo y leyendo mejor y mejor, y publicando sus libros y sus plaquetes y sus folletos y sus cuadernillos. Y todo ese material fue quedando en la barra de La Curva.






Y recuerdo no solo de cuántos poetas han invitado a leer en La Curva y en la Librería A pie de página, que han sido muchos, sino también de otros que vinieron porque los trajo Eduardo Fraile, o Angel, o no sabe quién o vinieron porque quisieron. Y dejaron su huella.






Y también la alegría de encontrar allí un nuevo número del Fanzín Ramalazo, y de una de sus fastuosas fiestas  con motivo de un número semanasantero en el que se nos apareció la virgen o algo así.  

Y cómo gente del Ramalazo y del Elefante Rosa y Angel y Memé, organizaron y llevaron a cabo con mucha más gente,  la reciente FIESTA PAGANA allí, para recaudar dinero para ayudar a pagar la p. multa que le pusieron a La Curva. Y lo bien que nos lo pasamos, y  aquella porra o tómbola en la que una chica gritaba todo el rato TONGO! TONGO! (hasta que le tocó algo y se calló, más o menos).



Y me acuerdo de muchísimas más cosas en esta querida La Curva, de su música y su silencio, sus flores, su libro de la semana bajo repostero,  del ruido de la batidora, del jaleo y saro,  de exposiciones ajenas y propias, de su estantería rebosante de libros y cómics, su revistero con revistas de música, literarias, El Jueves, periódicos, panfletos, fanzines, hojas volanderas, suplementos-complementos y contraelementos, manifiestos, de presentaciones de libros, revistas, danzas de Rosa Guerro, performances... de charlas con unos y con otros y siempre con Angel, y de tanta gente con la que allí conviví y conocí y de lo mucho que me alegro de todo ello.


Pero también recuerdo las noches tranquilas en las que el viento al agitar los árboles tras la tapia de enfrente, traía sombra y luz en los cristales de la puerta, y eran ráfagas de luz y frágiles sombras que contemplábamos acordándonos de Juan Luis Panero.

(y como me dejo muchas cosas guardadas, solo diré la última anécdota -y chocarrera-, de cuando estando una noche relajada en la barra de La Curva con dos amigos, un tipo obviamente muy puesto, se empeñó en besarme delante de mi novio pese a mis rechazos. Y como viera que persistiera, díjele en alta voz en medio del silencio "te vas a besar la polla de mi novio" ahí presente, y dicho  lo cual  el individuo me dejó tranquilita y muerta de risa)

PUES ESO,

¡¡¡QUE NOS QUITEN LO BAILAO!!