SOCIEDAD DE DILETANTES (, S.L.) & PAAARTNERS

(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

miércoles, 23 de marzo de 2011

del arte que se contextualiza en relación con su situación en lugares contextualizadores de arte (o algo así)

Al hilo del diletante comentario que he metido en la entrada anterior, ra una pregunta sobre el arte y la descontextualización de Pedro Ojeda, me he acordado de esta frase de [algún personaje] de la novela de Rafael Chirbes Crematorio:


Una obra de arte separada del espectador por cristal antibalas, cordón de seguridad y aparato de alarma.

y me trae a la memoria el espanto de urna poliédrica y antimisiles por lo menos, que le clavaron al Guernica (el de Picasso) cuando recién en España, con mil seguridades y mucho aparato lo colocaron en el Casón del Buen Retiro. Aquí se pueden ver unas fotos de aquellos tiempos.

Era una aparición tan espeluznante que el único remedio que tenía la visita era obviar el cuadrón y centrarse en los bocetos de mujeres llorando que exponían en el resto de la gigantesca sala.

Cuando una obra de arte tiene tantas parafernalias por su seguridad, que la alejan del espectador, parece que dejara de ser obra de arte dada a la contemplación para convertirse en presidente de la república vaticana.




También recuerdo cómo saltaban las alarmas de los Tizianos en Venecia,  por acercarme demasiado para ver la textura de la tela y la disposición de la pintura y la pincelada y esas cosas que me gusta ver de cerca,  y acudía toda la seguridad de La Academia o el cura de la iglesia de turno, a ver qué le hacíamos a la pintura ululante. 

No es de extrañar que me acercara, porque  esta Piedad de la Academia, de 1576 -imagen tomada de aquí- es  para verla muy de cerca y mucho tiempo -y pena de no poder llevar una escalera al museo para ver las zonas altas-






Y sin embargo, también en la Academia, metí las narices en todos los Bellinis (Giovanni) que encontré para ver esos fondos tan preciosos y ordenados tras sus sacras conversaciones y madonas, y no saltó ninguna alarma.

Conclusión provisional primera: en los muzeoz hay una jerarquía en la protección de las obras que depende de la importancia  que se otorga al artista (su caché museal),  y de lo golosa que sea la obra para su robo y desaparición o para su ataque por algún chalado.


También recuerdo hace años como un par de gilipollas, de esos que andan preguntándose qué es el arte -¿y-esto-es-arteeeee?- y molestando con sus risas, comentarios y actitudes, en una exposición del entonces gratuito MNCARS, recuerdo como golpearon impunemente el Impluvium de Susana Solano, por eso, por simple chulería.

El Impluvium, que es de hierro y grandote,  ni se inmutó, pero yo ya ni recuerdo lo que les llamé para ir a continuación a buscar al vigilante más cercano.
 (Señora que protesta y ejerce sus derechos y deberes de ciudadana)

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Y hablando de gilipollas y gilipolleces, aquí va otro fragmento de la misma novela de Rafael Chirbes, sobre El Genio:

El genio suele ser un farsante que disimula sus deficiencias con la ampulosidad de los gestos: por lo demás, alguien que, en el fondo, en vez de trabajar, se dedica a ejercer como relaciones públicas, a rodearse de una corte de exégetas que crecen en torno a él, haciéndole crecer a él. Halagar a mecenas, a galeristas, a periodistas, a banqueros que desgravan impuestos a cambio de colgar cuadros en un bajo con ventanillos y mostrador de atención al cliente; a cambio de financiar conciertos, de crear patronazgos de esto y aquello, eso es lo que otorga el estatuto de genio, que te tengan ellos en el catálogo. 

Je, me temo que no le pasa solo a LosGenios