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(atadijos sin fraude) -equilibrios inefables-

domingo, 13 de junio de 2010

Luminosas mujeres de ojos rojos o no



Pienso en Adrienne Rich, cuyos Poemas (1963-2000) traducidos por María Soledad Sánchez Gómez encontré hoy en mi librería de cabecera cuando buscaba el Alfabeto de cicatrices de Ana Pérez Cañamares, que no estaba, y cuyo blog, El alma disponible, se abre con 5 magníficos versos de Rich:


Vine a explorar el naufragio.
Las palabras son propósitos.
Las palabras son mapas.
Vine a verificar el daño
y a ver los tesoros que permanecen


Pienso también cómo, mientras buceaba en las estanterías, Amparo, la encantadora y cultísima librera me ofreció una cerveza, y me habló de Rich y me preguntó y le comenté sobre el libro Adrienne Rich (1929- ) de M. Soledad Sánchez Gómez, donde expone toda la evolución poética y vital de Adrienne. Y en cómo Amparo, que le dejaba a mi madre a escondidas El libro rojo de Mao en los comienzos de los años 70, ella, librera, feminista, encarcelada, una mujer de gusto exquisito, fue a buscar en las estanerías la Biblioteca de mujeres de Ediciones del Orto y yo le cogí el libro de Marisol, porque con la letra tan pequeña no veía bien los títulos en los lomos de los libros, y Amparo se lo llevó para leerlo ella también.



Me pregunto si Ana Hatherly, que nació en Oporto el mismo año que Adrienne y sigue escribiendo sus muy hermosas 463 Tisanas, un work in progress que quiere cerrar cuando alcance las 500, y sigue vital, curiosa, lúcida, bromista, encantadora, me pregunto si Ana tuvo dificultades para publicar, exponer, mostrar su muy vanguardista y amplia obra, como su acción "Rotura" (1979):




o su película "Revolução", de 1975





Y pienso que cuando Amparo le dejaba a mi madre libros prohibidos en la dictadura, cuando detenían aquí, en mi ciudad, a estudiantes, trabajadores, libreras..., por ser maoistas, comunistas, rojos en definitiva, pienso que allá en Portugal ellos también tenían su dictadura, y las películas que hacía Ana Hatherly entonces, y sus poemas visuales manuscritos, hoy agotados. 

Y pienso en toda su obra plástica y poética inédita, desconocida en España, pese a la edición bilingüe de Fibrilações.



Pienso en Louise Bourgeois que se fue, como tan sencillamente dijo Sara Herrera Peralta en su blog, con los poemas de Shock, su próximo libro, y el dibujo de la mujer casa de Bourgeois, y a la vez en las arañas que le dedicó Ana Gorría en su cámara de niebla.




Pienso en las Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino, de Susana Carro Fernández, donde junto al dibujo de Louise de la mujer casa, habla de las dificultades de tantas mujeres creadoras para tener una habitación propia, un espacio propio donde poder trabajar, un estudio refugio donde esconderse y desarrollarse alejada de tareas domésticas, del continuo cuidado de niños a la espera de la vuelta a casa del guerrero.

Y "cómo muchas mujeres convirten sus desventajas en elementos creativos", y cómo Miriam Schapiro en 1972, en la Conferencia de mujeres artistas de la Costa Oeste, "animaba a las artistas a salir de nuestros talleres-comedores,  de nuestros estudios-mesa de cocina".

(También en Trea se ha reeditado el magnífico ensayo de María Bolaños, Pasajes de la melancolía. Arte y bilis negra a comienzos del siglo XX, de 1996).



Y pienso en qué diferentes condiciones han tenido las mujeres para hacerse valer como creadoras en diferentes países y medios, incluso en los mismos años. 


Y me resulta evidente que la luminosidad y humor que exhibe la obra de Ana Hatherly nada tiene que ver con el dramatismo de la obra de Adrienne Rich ni de Louise Bourgeois.


Pero copio aquí esta cita del libro de Susana Carro:


Artista, dirá Deleuze, es quien, habiendo penetrado en la profundidad de la vida, y habiendo visto en ella algo demasiado intolerable, surge de ese oscuro abismo con los ojos rojos y, desde esa mirada, traslada a la materia, al pensamiento o al lenguaje sus visiones.

(Deleuze y Guattari: ¿Qué es la filosofía?, 1995)